8 de marzo. A la huelga compañera.

Llega un año más el 8 de marzo, día de la Mujer Trabajadora, fecha en la que durante más de un siglo las mujeres nos hemos organizado y unido para salir a la calle. Este 8M, sin embargo, no nos parece como los otros. Tenemos las mismas ganas, la misma rabia y la misma determinación. Somos, como siempre, muchas, diversas y combativas. Pero este 8M es más, es la culminación y el principio de algo grande. Desde que el pasado año 2017 las compañeras del otro lado del charco iniciaran la andanza hacia la huelga feminista global, nos hemos juntado, hemos debatido, hemos construído y aprendido unas de otras, nos hemos organizado a una escala que a muchxs les parecería imposible para hacer posible lo que hoy recogemos: hoy es el día en el que lo vemos hecho realidad, es el día de la huelga feminista. Este aprendizaje mutuo, este punto de encuentro entre las diferentes luchas que llevan a cabo las mujeres del mundo para hacer pedazos sus violencias cotidianas, nos parece ya una victoria, pero esperamos muchas más y no pararemos hasta lograrlas.
Lo que hoy recogemos, este proceso, no es ni mucho menos casual. Es una respuesta necesaria e inevitable a una intersección de sistemas que nos violentan, en todos los ámbitos de nuestra vida y desde diferentes esferas. Nos sabemos atravesadas por distintos ejes de opresión dependiendo de nuestro origen, de la construcción de nuestro género, de nuestra raza, nuestra orientación sexual, nuestras diversidades funcionales y desde ese punto luchamos: no existe una sola forma de lucha, nuestro ataque al sistema será multilateral y definitivo. La multiplicidad de violencias que como mujeres sufrimos hace necesaria una lucha global, que ataque a todos los ejes que nos intereseccionan. Nos plantamos contra el sistema patriarcal que empapa todas las situaciones de nuestra vida y que nos encasilla, nos impone unas formas de comportamiento, un lugar en la sociedad desde el que poder explotarnos, tanto en lo productivo como en lo reproductivo. Tenemos bien presentes en la memoria a todas esas mujeres que fueron quemadas, perseguidas, torturadas, descalificadas bajo el nombre de “brujas” con el objetivo de controlar nuestro poder sobre nuestros cuerpos, de negar nuestra autonomía reproductiva y nuestras disidencias sexuales y ponernos al servicio del estado y el capital, de la reproducción de la masa trabajadora que explotar. Nos plantamos contra el sistema racista – colonial, que sigue poniendo a Europa en el centro del conocimiento y la representación, y contra sus estados que guardan ferreamente sus fronteras, contra sus CIEs en los que se producen torturas, abusos sexuales, asesinatos que el estado no se digna a investigar. Tenemos como referente a nuestras compañeras racializadas, fuertes y nunca pasivas que se organizan y luchan. No olvidamos que en nuestros procesos no solo tenemos que aprender, sino también desaprender nuestros propios ejes de privilegio. Nos plantamos contra el capitalismo, contra su sistema de clases que se apoya en nuestro trabajo de cuidados no  remunerado para mantener su maquinaria anti-vida. Que nos impone una doble jornada laboral, trabajar para el capital y reproducirlo, todo con una sonrisa en la cara, ganando menos y con más precariedad. Que mercantiliza la tierra y destruye lo comunitario. Nos plantamos contra las violencias que sufrimos en todos los ámbitos, las violencias sexuales, económicas, físicas, psicológicas, mecanismos de control sobre nuestras vidas nunca domesticables. Tenemos presentes a tantas referentes que rompieron con esto y se vieron enfrentadas a la violecia brutal de un sistema que sabe reconocer quien lo amenaza. Hoy luchamos por lo que antes hicieron otras, por su memoria y su legado. Por las que fueron, somos y por las que somos serán 
Una realidad tan heterogénea, compleja y diversa necesita herramientas que también lo sean. Esta huelga nace como una renovación, rompe con el modelo clásico de huelga productiva para adaptarse a las necesidades de nuestra lucha: no es tan sencillo como reducirlo a lo productivo, lo que nos ocupa aquí es una lucha en todos los frentes. Por ello, desde FEL, como estudiantes feministas, llamamos a la huelga general de mujeres el 8M. Llamamos, por supuesto, a la huelga estudiantil, pero también a la huelga laboral, de cuidados y de consumo, pues una no tiene sentido sin las otras: como mujeres estudiantes en este sistema capitalista donde la educación se ve cada vez más mercantilizada muchas nos vemos obligadas a trabajar a la vez que estudiamos para poder costear nuestros estudios; y todas, inevitablemente, nos vemos obligadas a cuidar, a reproducir, ya sea en cuanto al trabajo doméstico o al emocional. 
Por ello el 8M paramos. Este 8M vamos a la huelga estudiantil, para hacer visibles los techos de cristal de las mujeres en la academia, la feminización y masculinización de ciertos ámbitos de estudio, el sesgo patriarcal y racista de los temarios – ¿cuánto hace que no estudias en clase la obra de una mujer? -, las tasas inasumibles que elitizan el acceso al conocimiento, la violencia que sufrimos en nuestros centros de estudio y las por lo general poco efectivas medidas de respuesta por parte de los mismos. 
Vamos a la huelga laboral-productiva, para denunciar la brecha salarial, la doble jornada de trabajo, las dificultades de conciliación, la discriminación por maternidad, las condiciones de trabajo especialmente de aquellas compañeras migrantes o sin papeles, que se enfrentan a la arbitrariedad, la precariedad y la violencia y son ignoradas por el estado. Por aquellas que no podrán parar, también paramos, comprendiendo su realidad, revisando nuestras herramientas y reflexionando para crear nuevas.
Vamos a la huelga de cuidados-reproductiva, porque estamos hartas de la invisibilización del trabajo doméstico que cada día hacemos, sobre el que se sustenta la permanencia del sistema y que no se nos remunera, porque no queremos nunca más cargar con los cuidados emocionales de tantos que creen que estamos obligadas a cuidarlos sin reciprocidad alguna, porque tenemos claro que lo personal es político y luchamos por un sistema que – como dice la economía feminista – ponga la vida en el centro y no el beneficio capitalista.  
Vamos a la huelga de consumo, porque luchamos por la reapropiación de lo comunitario frente a la mercantilización de la vida, porque nos vemos encasilladas en la “responsabilidad” de género de arreglar en lo doméstico todo aquello que el capitalismo destruye y el estado ignora, de generar cuidados que palien las consecuencias de la desarticulación de las redes vecinales y la privatización de recursos. Porque la privatización de lo reproductivo siempre nos perjudica y queremos generar formas de consumo responsables, ecológicas y colectivas.
Este 8M llamamos a parar el mundo, a que esta jornada sea un punto de inflexión en un camino que otras empezaron y nosotras continuamos. Caminamos siempre teniendo presente la sororidad que nace del apoyo mutuo, de la solidaridad con las diferentes luchas de liberación de las mujeres en el mundo, aprendiendo y desaprendiendo, creciendo en el proceso y creando redes. Este 8M es un peldaño más en nuestro camino hacia un mundo libre. 

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