Reflexiones sobre la Universidad y el Sujeto Estudiante

Emociones y revueltas de estómago

Un sistema en el que la no asistencia solo se permite con un justificante médico hace que no puedan existir otras cosas por las que no poder asistir a clase como cuidados tanto personales como sociales, diferentes emociones y sentimientos, pensando que son secundarias, cuando constituyen elementos fundamentales para la persona.

La Universidad monopoliza una gran cantidad de tiempo que no podemos dedicar a cuidarnos a nosotrxs y nuestro entorno. Es el origen de numerosos sentimientos negativos.

Muchxs de nosotrxs terminamos valorándonos a nosotrxs mismxs en función de nuestro rendimiento académico. Aun en el caso de que nos demos cuenta de esta dinámica, la mayoría de las veces se trata de un pensamiento tan interiorizado que requiere otro tanto esfuerzo –y frustración- para ser controlado. Esto lleva a la competencia y rivalidad en las aulas. Juzgarnos de este modo hace muy fácil que nos comparemos, siendo caldo de cultivo para el desarrollo de complejos e inseguridades. Los sentimientos de autoexigencia nacidos de la comparación con compañerxs; el estrés por no alcanzar una meta que se nos impone desde fuera; problemas de ansiedad por la presión de trabajos, exámenes, la baja autoestima que todo ello conlleva, etc.

¿Cómo transmitir los conocimientos en sociedad sin que la necesidad productivista invada nuestras emociones? ¿Cómo aprender entre nosotrxs sin tener esa presión en el estómago?

La Universidad coloniza nuestro tiempo

¿En qué punto finaliza nuestro trabajo/estudio diario? ¿Cuánto tiempo con seguridad podemos considerar nuestro? ¿Cuándo estamos verdaderamente libres de la exigencia de producir o consumir riqueza económica, de volvernos libres para experimentar el mundo y su cultura?

No tenemos tiempo libre, no existe. El tiempo que no es dedicado al estudio, dentro o fuera de la universidad, es tiempo para prepararnos para reanudar el
trabajo. El tiempo no es libre en absoluto ya que en este prosiguen las formas de la vida social organizada de acuerdo con el sistema de beneficio. De hecho, cuando tenemos “ocio” nos invade una sensación de culpa y ansiedad, no estamos siendo productivas, no nos hacemos más empleables. Los límites espaciales y temporales de la explotación se disuelven.
Gastamos una cantidad de tiempo increíble en el aula, donde muchas veces nos gustaría escapar porque no nos enriquece, de ahí que los controles de asistencia sean necesarios.
Queremos tiempo para vivir, para disfrutar, para cuidarnos, para dormir, para militar, para todo lo que una persona desee, para todo lo que no sea productivo en clave capitalista, para poder desarrollarnos como personas. Y esto no será posible en una sociedad donde los estudios y el trabajo vayan de la mano de la explotación capitalista.

El disfrute de la vida está cada vez más subordinado al cultivo personal del
mercado de trabajo. Tenemos que recuperar nuestra vida.
Nuestro sentido de vida. Muerte al trabajo.

Inversión, producto y trabajo, ¿cómo nos expropiamos?

La universidad es un centro de inversiones, una institución del Estado que produce, cual fábrica, trabajadores cualificados, necesarios para el desarrollo productivo capitalista. El estudiante, futuro trabajador, es lo que se está produciendo, en lo que se invierte dinero para que en el futuro proporcione beneficio privado, empresarial. En el futuro, cuando produce cosas que vender en el mercado, es cuando la inversión es rentable.
El estudiante es lo que se produce, pero ¿quién lo produce? Se produce “a sí mismo”, de forma colectiva, en el aula, mediante prácticas, superando asignaturas, cursos, exámenes, pero lo hace dentro de un marco de coacción, control, vigilancia, ideologizándose y asumiendo una disciplina. De forma mecanizada, estandarizada, eliminando nuestra condición individual en la comunidad, nuestra imaginación y desarrollo personal. No producimos en el aula cosas a vender en el mercado, sino que nos producimos como futuros trabajadores, hacia futuro.
Somos una inversión, un producto que se produce a sí mismo en el tiempo. Para hacer que la inversión salga mal, que no rente, que no dé beneficio privado, debemos pensar qué trabajo queremos reproducir. Un trabajo orientado al beneficio común, donde la organización y transmisión de los conocimientos sea horizontal, autogestionada, pero siempre en relación con un proyecto colectivo de emancipación comunal, sostenible en términos sociales y ecológicos, ¿cómo construimos ese trabajo? ¿cómo construimos comunidad? ¿cómo nos expropiamos?

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